Publicado: 5 de Marzo de 2015 a las 10:49


Las bursas son una especie de bolsas que se localizan entre los huesos y los tendones y que están rellenas de líquido cuya función es aliviar el roce existente entre estas estructuras. 


En el pie, las bursas más susceptibles de sufrir problemas son las del tendón de Aquiles.


Un calzado muy apretado, un exceso de fricción sobre las bolsas por determinada musculatura, un apoyo inadecuado o simplemente un sobreentrenamiento o actividad física por encima de lo normal puede ser suficiente para que aparezca inflamación.


Los síntomas van desde dolor que cede levemente con el reposo, inflamación y enrojecimiento de la zona. 


El diagnóstico de una bursitis se puede obtener mediante una exploración clínica, y en casos especiales con ecografía o resonancia magnética.


Hay que aliviar la presión sobre el calcáneo en cuanto se detectan los síntomas. Una manera inmediata de hacerlo es llevar calzado adecuado, sin parte posterior (por ejemplo chanclas, sandalias o zuecos). Además, se pueden modificar los zapatos de forma que se eleve el tacón y se ablande el contorno (collarín) del tobillo para disminuir la presión en la zona lesionada.


También se puede aliviar la zona cuando se inflama la bolsa superficial mediante un anillo de espuma, colocándolo, si es que se ha formado, alrededor de la prominencia ósea. Siempre un buen diagnóstico va a facilitarnos el tratamiento adecuado para cada situación.


Para prevenirlas deberemos usar un calzado adecuado la anatomía de los pies, evitando modelos demasiado ajustados o con los que no estemos cómodos. 


Una exploración de la marcha puede ayudarnos a detectar de manera precoz, anomalías que podrán desembocar en esta molesta lesión.